miércoles, 26 de enero de 2011

El diós licántropo (Arex-3)


Tras su huida del pueblo de los licántropos, Arex se reencuentra con el grueso del ejército kritenio que regresa a Siro. Al parecer, un mensajero procedente de la capital llegó con la noticia de que los monarcas de Kritein y de Opar han hecho las paces y han dado fin a la guerra antes de que empezara.
Arex informa de lo sucedido en el poblado al general Nabonidus, pero este se niega a tomar represalias ya que el poblado licántropo se encuentra en territorio de Opar. Arex regresa a Siro pero no puede sacarse de la cabeza lo sucedido y a los pocos días deserta y se dirige al poblado. Le acompaña Hajib, un somorio que estaba unido por una gran amistad con el sargento Artús y que, al igual que Arex, desea venganza.


Apenas había pasado una hora desde que el sol se levantó por el horizonte tiñendo las nubes de color rojo sangre. Arex y Hajib observaban el pequeño poblado desde un promontorio cercano.

-Este es el momento adecuado, ahora estarán durmiendo, ahítos por su festín nocturno. Ahora es cuando son más débiles, de día no pueden transformarse.

Hajib hizo un gesto afirmativo y enseñó los dientes emitiendo un gruñido. Tenía el aspecto típico de su pueblo, algo bajo, de piel oscura y ojos ligeramente rasgados. Pero compensaba su baja estatura con un cuerpo musculoso y una gran habilidad con la espada. Arex prefería tenerlo a su lado que en contra suya.

-Bien- dijo Arex.- Empecemos.

Encendieron una pequeña hoguera y con ella prendieron fuego a la punta de sendas flechas y dispararon. Al momento los techos de dos de las chozas empezaron a arder. A las dos primeras flechas siguieron otras y poco después todo el poblado estaba en llamas.

Los dos guerreros se dirigieron a la carrera hacia la maltrecha empalizada y penetraron en el poblado, espada en mano, por una de las brechas de la empalizada, justo en el momento en que sus habitantes empezaban a salir de sus hogares huyendo del fuego.

Arex decapitó a un hombre con un tajo de su espada para seguidamente hundirla en las entrañas del que estaba a su lado. Dio un rápido vistazo hacia donde estaba su compañero y vio que este ya había despachado a tres. La matanza continuó y a pesar de que los licántropos se defendieron, estos solo disponían de palos y horcas y alguna hoz. No pudiendo transformarse bajo la luz del sol, uno a uno fueron cayendo ante la furia homicida de los dos guerreros que no respetaron ni una sola vida, ya fuera hombre, mujer o niño. Cuando todo acabó, estaban cubiertos de sangre de los pies a la cabeza y sus hojas estaban teñidas de rojo.

Empezaron a registrar el poblado por si había alguno de esos seres escondidos, pero no encontraron nada, hasta que sus pasos convergieron frente a la choza más grande del poblado. Esta había escapado de las llamas.

-Cuando estuve aquí la otra vez con los compañeros, este fue el único sitio al que no nos dejaron entrar. Por lo que entendí es una especie de templo.

-Entonces, tal vez encontremos algo de valor.

-Comprovémoslo.

La cabaña estaba vacía a excepción del ídolo. Estaba sobre un pedestal al que se accedía por medio de tres escalones. Medía casi cuatro metros de altura y representaba un cuerpo humano con cabeza de lobo sentado en un trono. Estaba esculpida en piedra negra y la expresión de su bestial cabeza era feroz. Pero lo que más atrajo la atención de los dos hombres fueron sus ojos. Estos eran dos rubíes del tamaño del puño de un hombre.


-Esos ojos deben valer una fortuna.

-Si- respondió Arex- Y por suerte tiene dos.

Se miraron a los ojos y ambos comprendieron que no tenían nada que temer el uno del otro. La venganza los había unido y no habría ninguna traición.

Subieron los escalones y se dispusieron a arrancar los ojos del ídolo usando sus cuchillos como palanca, pero entonces ocurrió algo inesperado.


El ídolo cobró vida de repente y asestó un manotazo a Hajib que salió despedido para chocar con una de las paredes. Se quedó allí tendido inconsciente o tal vez muerto.

Arex esquivó otro manotazo y se alejó del ídolo de un salto. El vanir, que no temía a ningún ser vivo ya fuera humano o animal, sintió que los pelos de su nuca se erizaban a causa de ese terror que todos los bárbaros sienten ante lo sobrenatural.

Aún así, se sobrepuso y desenvainó la espada y atacó. La hoja golpeó fuertemente el muslo de la criatura pero solo logró arrancar unas pequeñas esquirlas de la piedra de la que estaba formada.

Durante largo rato, Arex, se enfrentó a la estatua golpeándola fuertemente para, acto seguido, esquivar su contraataque sin lograr apenas efecto. Por suerte, el ídolo se movía lentamente, pero con su gran tamaño tapaba la puerta de salida impidiendo a Arex la huida.

El vanir decidió cambiar de estrategia y levantando con gran esfuerzo el trono donde estaba sentado el ídolo lo arrojó contra el. Entonces sucedió algo que le dio a Arex la clave para poder derrotar al diabólico ídolo.

Este, al ver llegar el trono que Arex le había lanzado lo apartó con un ademán haciendo que atravesara la pared de madera del templo. A través del agujero penetró un haz de luz solar que dibujó un círculo a los pies del ídolo. Eso hizo que este se detuviera. Los ojos de rubí miraron el circulo de luz y el ídolo dio un paso atrás para rodearlo y volvió a cargar contra Arex.

-Ya te tengo, demonio- dijo Arex enseñando los dientes.

Entonces se dio la vuelta y empezó a golpear las paredes con su espada abriendo nuevos agujeros que proyectaron más círculos luminosos en el suelo del templo.

El ídolo se movía dando traspiés evitando los haces de luz cuando Arex observó que Hajib recobraba el conocimiento.

-Muévete, maldito seas, y ayúdame. Le teme a la luz solar, seguramente puede destruirlo.

El somorio hizo un gesto de asentimiento, comprendiendo el plan de Arex y recuperando su espada empezó a atacar la pared contraria.

Nuevos haces de luz penetraron en el templo hasta que uno de ellos acertó en uno de los pies del ídolo. Este quedo inmóvil y una pequeña grieta apareció en el pie bañado por la luz. La grieta fue creciendo y extendiéndose por todo el cuerpo del ídolo hasta que este cayo hecho pedazos.

-¿Estas bien?-preguntó Arex.

-Debo tener un par de costillas rotas, pero sobreviviré.

Ambos hombres se acercaron a los restos del ídolo. Entre los pedazos de piedra negra refulgían los dos grandes rubíes que habían sido sus ojos.

-Creo que renuncio a mi parte del botín- dijo Hajib.-Esas piedras deben estar malditas.

Arex miró las gemas y emitió un gruñido.

-Creo que tienes razón. Vayámonos de aquí.

Minutos más tarde, ambos hombres montaban sus caballos.

-Creo que me vuelvo a mi patria- dijo Hajib. -¿Porqué no te vienes conmigo? Somoria es un buen lugar y un guerrero de tu valía podría enriquecerse en poco tiempo.

-No, gracias. Creo que iré a Herconia. Siempre he querido conocer ese país. Cuidate amigo.

-Tu también.

Los dos guerreros estrecharon las manos y sin una palabra más se separaron en direcciones opuestas.

FIN


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