2000


03/07/2012

Ya son 2000 las visitas que ha recibido este blog.

Quiero agradecérselo a todos mis lectores. Disfruto mucho escribiendo, pero la verdad, sin vosotros no sería lo mismo.

Que me lea gente de todas partes del planeta es algo que sigue sorprendiéndome. Que me sigan lectores de España y de Sudamérica es algo que podía esperar, pero tener lectores de países con lenguas tan dispares como EEUU, India, Bielorusia o Alemania es una auténtica sorpresa.

Gracias, muchísimas gracias a todos.






miércoles, 30 de marzo de 2011

El primigenio (Memorias de un vampiro-V)

1- NEW YORK

Tras nuestra huida de Moscú, Ruth y yo nos instalamos en casa de Marcos y Sandra. Ellos tenían espacio de sobra y nos sentíamos tan felices de estar todos juntos de nuevo que lo que, en principio, había de ser una medida temporal se convirtió en una situación permanente. Así nos convertimos en una pequeña familia.

New York es una ciudad fascinante, sus calles bullen de vida las 24 horas y es tanta la diversidad de sus gentes que incluso nosotros, con nuestro pálido semblante, pasamos desapercibidos.

Nuestra vida dio un gran cambio desde que nos instalamos con nuestros amigos. Marcos me daba consejos de como incrementar nuestro capital invirtiendo en bolsa, adquiriendo bonos del estado, etc. Es un auténtico experto en esas cosas, no me extraña que sea rico. Ruth y yo dejamos de trabajar, lo que fue un alivio para ambos. Ella tenía más tiempo para la caza, sin tener que preocuparse por los horarios y yo... bueno, desde que me convertí odiaba escribir sobre vampiros.

Llevábamos poco más de seis meses en N.Y. Cuando sucedieron los acontecimientos que voy a contaros.

Aquella noche salí de caza solo. Ruth había quedado con Sandra para ir de compras y Marcos decidió quedarse en casa enfrascado en el lectura de un libro y salir más tarde.

No tardé en encontrar una presa propicia, se trataba de un violador que esperaba a su próxima víctima escondido en las sombras de un parque. En las raras ocasiones en que volvía a cazar solo, recobraba mi antigua costumbre de buscar mis presas entre los delincuentes. Después de saciar mi sed me dispuse a disfrutar de la vida nocturna de la gran manzana.

Paseé durante un par de horas hasta que detuve mis pasos ante la entrada de un bar. Había pasado muchas veces frente a ese local y nunca había llamado mi atención, pero ese día una rara sensación me decidió a entrar.

Me senté en una de las mesas y pedí un bourbon. Desde mi conversión tuve que renunciar al alcohol ya que mi nuevo organismo no lo toleraba, pero me gustaba sostener una copa ante mi y aspirar su aroma mientras observaba a los humanos a mi alrededor.

Dos de los parroquianos llamaron enseguida mi atención. Uno de ellos tenía un aura espectacular, tiempo atrás me habría desconcertado, pero ahora podía reconocerla. Se trataba de un hombre muy alto y fornido, bastante atractivo. Su aura lo delataba como un licántropo. El otro era un humano elegantemente vestido que aparentaba unos cincuenta años. Observaba atentamente al primero desde el otro extremo del local y ocasionalmente tomaba notas en una pequeña libreta.



Esa actitud por parte del humano me asustó. ¿Habría tropezado con otra célula de Causa Aequa?

Intenté leer su mente pero solo habían pasado dos segundos cuando el humano levantó un muro que me expulsó de su mente. Me miró directamente y abrió unos ojos como platos. Su rostro reflejaba más asombro que miedo, inmediatamente se puso a escribir frenéticamente en su libreta.

La breve lectura de su mente solo me reveló algunas imágenes confusas sobre vampiros y licántropos, pero al contrario que me pasó con el desafortunado Luca, no vi nada violento en aquellas imágenes. Todo lo que sentí en ellas era una insaciable curiosidad.

Me moví a la gran velocidad que forma parte de mis poderes vampíricos y me senté a su lado. Mis movimientos fueron tan rápidos que resultaron invisibles a los ojos humanos, de modo que parecía que había cambiado de sitio instantáneamente. El humano continuó tomando notas sin percatarse de mi presencia. Esa situación me recordó la noche que conocí a Marcos, ese día era yo el que estaba escribiendo sin percatarme de que un vampiro se había sentado a mi lado.

2- THOMAS

Levantó la vista y miró hacia el sitio donde yo había estado sentado, entonces se percató de mi presencia a su lado y me miró. Su cuerpo se envaró y su rostro palideció un tanto, pero no hizo ademán de huir.

-No deberías espiar así a la gente.

-¡Dios mio!- dijo- ¿Eres un vampiro, verdad?

-Si, lo soy. ¿No tienes miedo?

-¿Miedo? Estoy aterrorizado.

-Entonces ¿porque no huyes?

-¿Serviría de algo?

-Tal vez. Hoy ya me he alimentado.

-Creo que me quedaré un rato. Mi curiosidad es superior a mi miedo.

-Tu curiosidad...¿Quien eres?

-Me llamo Simpson, Thomas Simpson.

-Mi nombre es Víctor.

-Encantado- dijo tendiéndome la mano.

Se la estreché entre divertido y curioso mientras veía sus esfuerzos por superar el miedo que yo le causaba.

-¿Eres de Causa Aequa?- pregunté.

-¿Causa Aequa? No, no tengo nada que ver con esos fanáticos.

-¿Como has bloqueado mi sondeo?

-Soy telépata. Para mi es fácil.

-Tu objetivo se escapa- dije señalándole al licántropo que en esos momentos abandonaba el local.

-¿Mi objetivo? Oh, el...No importa, puedo localizarlo de nuevo.

-¿Quien eres?- le pregunté de nuevo.

-Ya te he dicho...

-No te pregunto tu nombre. ¿De que va todo esto? ¿Porque persigues a vampiros y licántropos? ¿Que es lo que apuntas en esa libreta?

Thomas agarró la libreta y la escondió en su bolsillo.

-No persigo a nadie, solo investigo. Esta libreta es solo una especie de cuaderno de campo.

-Así que solo investigas. ¿Porque?

-Ya te lo he dicho, por curiosidad.

Mi mente consciente me decía que debía matar a ese hombre ya que sabía lo que yo era, pero mi instinto me decía que no era peligroso. Decidí hacer caso de este último.

-Tu copa está vacía- dije.- ¿Puedo invitarte a otra?

-Gracias, creo que la necesito.

Pedí otra copa al camarero y observé a Thomas tomar un trago, sus manos temblaban ligeramente.

-Cuéntame- dije.

Thomas dudó unos segundos, pero finalmente pareció tomar una decisión.

-¿Has oído hablar del Club Jano?

-No.

-Bueno, no hacemos publicidad, preferimos mantener nuestras actividades en secreto. Veras,... en el Club Jano nos dedicamos a investigar lo extraordinario.

-¿Lo extraordinario?

-Vampiros, licántropos, brujas, fantasmas, muertos vivientes, poltergeists, casas encantadas, apariciones marianas, el fenómeno OVNI, poderes extrasensoriales...

-¿Y que uso le dais a esas investigaciones?

-Ninguno. Simplemente guardamos nuestros descubrimientos en nuestros archivos. Archivos que solo están al alcance de los miembros del club.

-¿Y no dais ninguna aplicación a esos archivos?

-Solo la de herramienta de consulta, para ayudar a nuestros miembros en sus investigaciones.

-¿Porque lo hacéis?

-Ya te lo he dicho antes. Por afán de conocimiento. Por curiosidad.

-Debéis formar un curioso grupo tu y tus compañeros de club.
-¿Te gustaría visitarnos y conocer nuestro trabajo?- dijo. Y después de pronunciar estas palabras pareció asombrado de haberlas pronunciado.

-¿Y que hay de ese secretismo vuestro? ¿Que dirían tus compañeros?

-Que yo sepa, ningún miembro del club ha tomado contacto con ninguno de sus objetivos. Creo que les encantaría conocerte.

-Es tentador, me lo pensaré- dije mientras me levantaba para abandonar el local.

-Estaré aquí mañana a la misma hora- contestó.

-Solo una cosa más. No se te ocurra espiarme, lo digo en serio.

-Prometido. ¿Vendrás mañana?

-Ábreme tu mente.

-Ya te dije que no tenemos nada contra ti.

-Como quieras. Adiós.

-Espera... De acuerdo, lo haré.

Sondeé de nuevo su mente y no vi más que lo que dijo. El Club Jano solo era un grupo de estudiosos de lo extraordinario. Nunca intervenían, solo observaban.

-¿Vendrás?

-Ya veremos.


3- EL CLUB JANO

-¿Estás seguro que quieres hacerlo?- me preguntó Ruth.

Al llegar a casa la noche anterior le conté mi conversación con Thomas y que solo salir del bar ya había tomado la decisión de visitar el Club Jano.

-Ese hombre a despertado mi curiosidad.

-¿Estás completamente seguro que no son peligrosos?

-Solo son un grupo de estudiosos. De todas formas me mantendré alerta, no te preocupes.

Cuando un par de horas mas tarde entré en el bar Thomas ya estaba allí esperándome.

-Has venido- dijo.- Mis amigos del club están ansiosos por conocerte.

Se le veía mucho más tranquilo que la noche anterior. Seguramente sus ansias de conocimiento acallaron todos sus miedos.

-Yo también tengo muchas ganas. ¿Vamos?

Montamos en su coche y permanecimos en silencio mientras conducía por las calles de N.Y. Finalmente entramos en el parquing de un gran edificio de oficinas.

-Ya hemos llegado. Toda la primera planta es propiedad del club- dijo.

-¿En este moderno rascacielos?

-¿Que esperabas? ¿Un caserón antiguo?

-Sinceramente, si.

Cogimos el ascensor hasta la primera planta y Thomas usó una tarjeta con banda magnética para abrir la puerta de un despacho. Entramos a un pequeño despacho de recepción que a esas horas de la noche estaba totalmente vacío.

-Esta es nuestra pequeña fachada. Oficialmente, el Club Jano es un club de lectura.

Cruzamos el despacho y pasamos por otra puerta que nos llevó a una gran sala cuyo centro estaba ocupado por una mesa alrededor de la cual estaban sentados tres hombres. Dos de ellos eran ancianos, el tercero debía tener unos veinte años. El joven miraba muy concentrado un pequeño dado de cartón que había sobre la mesa. De pronto el dado se separó de la superficie de la mesa y empezó a flotar en el aire y a girar lentamente sobre si mismo.

-Ese joven tiene unas capacidades telequinéticas realmente asombrosas- dijo Thomas en voz baja.- Estamos estudiando sus capacidades.

En ese momento uno de los ancianos apartó la vista del dado y la dirigió hacia nosotros.

-¡Thomas! Ya estas aquí, y con tu invitado.

Al hablar, rompió la concentración del joven y el dado cayó sobre la mesa.

-Eso ha estado magnífico- le dijo al joven.- Ahora ve a descansar, mañana seguiremos con esto.

El joven se retiró sin decir palabra por una puerta lateral y los dos ancianos se dirigieron a nosotros.

-Víctor- dijo Thomas- te presento a Adam Cullen y a Peter Marshall. Son los dos miembros más antiguos de nuestro club, aquí en New York. Señores, este es Víctor, ya les hablé de el.

-Es un honor tenerle entre nosotros- dijo Adam estrechándome la mano.

Peter parecía un poco más asustado que sus compañeros cuando también me estrecho la mano.

-No va a mordernos, ¿verdad?

-Acaban de presentarnos- respondí- No sería muy educado por mi parte hacer eso.

Mi humorístico comentario pareció relajarlos.

-Por favor- dijo Adam- por aquí.

Seguí a aquellos hombres hasta una inmensa biblioteca. Todas las paredes estaban cubiertas de estantes que iban desde el nivel del suelo hasta el techo repletos de libros. Debían de contarse por miles.

Nos sentamos en unos cómodos sillones.

-Ya nos perdonará si no le ofrecemos nada de beber, dadas las circunstancias...

-No se preocupe. Nunca me alimento de gente inocente, solo de criminales.

-Eso es muy interesante. A mis amigos y a mi nos gustaría conocer su historia, Víctor. Si no le molesta.

-Supongo que ya deben haber abierto un archivo con mi nombre.

-Así es, pero no debe preocuparse por eso. Ninguno de los conocimientos del Club Jano sale jamás al exterior. Nunca en los seiscientos años de historia del club ha habido una fuga.

-¡Seiscientos años! Sus archivos deben ser enormes. Deben de haber estudiado a muchos de mi especie.

-Tenemos exactamente 1337 entradas en el apartado “vampiros”. Muchos de ellos están muertos, algunos asesinados, pero la mayoría se suicidaron.

-Cansados de vivir supongo.

-Eso parece.

-No creo que mi experiencia sea de mucho interés para ustedes. Solo hace cinco años que me convertí.

-Muy joven, si. Pero usted sería el primero en contarnos de primera mano su experiencia. Puede decirnos que se siente siendo como usted.

Estudié sus mentes y pude comprobar como se abrían a mi. No solo permitían mi sondeo, me facilitaban el acceso a sus recuerdos. Solo pude ver la misma curiosidad insaciable que vi en Thomas.

Les conté como conocí a Marcos, mi conversión y todo lo que me había sucedido desde entonces.

Adam y Peter se miraban y sonreían cuando yo hacia algún comentario sobre mi faceta de escritor. Cuando acabé mi historia supe porque.

-¿Sabe? Ya teníamos un archivo sobre usted desde hace tiempo.

-¿Como?

-Cuando leímos sus novelas y comprobamos el parecido de sus personajes con los vampiros reales, supusimos que conocía a alguno de ellos.

-Esa confusión es la causa de que Marcos se acercara a mi.

-Ahora tendremos que unir los dos archivos en uno solo.

-Me encantaría ver esos archivos.

-Claro, solo tiene que acceder a esa terminal de ordenador. Informatizamos esos archivos hace unos tres años. Thomas puede guiarle en su búsqueda. Pero antes, ¿le gustaría ver nuestro museo?

-Claro que si. Seguro que es muy interesante.

-Tenemos miles de piezas, todas repartidas en distintas secciones. Supongo que la que más le interesa es la dedicada a los vampiros.

-No se equivoca.

Cruzamos varios pasillos hasta desembocar en una sala llena de vitrinas, dentro de las cuales podían observarse los más variados objetos.

-Tenemos aquí objetos de todas las épocas. Todos ellos pertenecieron a vampiros.

Vestidos, armas, vasos, libros...y varios retratos colgados en las paredes que representaban a gentes de todas las épocas. Adam se paro frente a uno de esos cuadros y sonrió.

Miré el cuadro y di un respingo. Representaba a un muchacho de larga melena rubia de unos dieciséis años vestido con una armadura medieval.

-¡Héctor!

-Si, cuando nos habló de el supimos de quien se trataba. Creemos que es de los mas viejos de su raza.

-Tiene mil doscientos años.

-Más o menos lo que le suponíamos.

-¿Tienen datos tan antiguos?

-No, anteriores a la creación del club,solo tenemos algunos retazos de historias sobre ataques de su gente en la antigüedad, algún objeto del que no tenemos pruebas suficientes de que hubieran pertenecido a un vampiro y...

-¿Debemos decírselo?- le cortó Peter.

-Si alguien tiene derecho a verlo, es uno de su especie.

-¿De que están hablando?- pregunté.

-Venga.

Me llevó hasta una de las vitrinas donde se veía un grupo de pergaminos de aspecto muy antiguo.




-Datan del siglo I, están escritas en latín. Relatan las memorias de un vampiro. Si lo que se cuenta aquí es cierto, fueron escritas por el primigenio.

-¿Primigenio?

-El primer vampiro. El que inició su especie. Su Adán. Nació hace doce mil años y se suicidó tras escribir esas memorias.

-Doce mil años... Tengo que leerlo.

-Naturalmente. Pero ya nos ha contado que no sabe usted latín. Ademas, esos pergaminos son muy delicados, no pueden salir de esa vitrina.

-Tendrán alguna copia.

-En nuestro archivo informatizado, traducido a todos los idiomas. Puede leerlo en español si lo prefiere.

4-ARTÁN

Cuando terminamos la visita a la sección dedicada a los vampiros mis nuevos amigos se ofrecieron a mostrarme el resto, pero yo estaba ansioso por leer la traducción del manuscrito del ser que ellos llamaban “el primigenio. Tras prometerles que volvería a visitarlos para ver el resto del club, me acompañaron de nuevo a la biblioteca, me instalaron frente a una terminal y Thomas accedió al archivo del manuscrito.

-Supongo que preferirás estar solo. Te esperaremos en la otra sala.

-Os lo agradezco.

Los tres hombres abandonaron la estancia y yo me embarqué en la lectura del documento.

“Mi nombre es Artán y en el momento de escribir estas lineas tengo 10.000 años, siglo arriba siglo abajo. Redacto el documento en la lengua del lugar y tiempo en el que me encuentro. Roma, decimotercer año del reinado de Tiberio.

El mundo en la época de mi nacimiento era muy diferente al de ahora. Al norte se encontraban los reinos bárbaros de Vanaheim, Asgurd y las Islas Pictas; al sur los grandes reinos civilizados de Herconia, Micosia, Kritein, Opar y Somoria; al otro lado del mar interior se encontraba la oscura Nubia y los reinos negros, entre los que destacaban Keishan y Dafar.

Vine al mundo en la ciudad de Ilerda, capital del reino de Herconia. Mi padre era capitán de la guardia de la ciudad, por lo que mi familia vivía a resguardo de la muralla interior de la ciudad, en el barrio de los soldados, de modo que teníamos una vida cómoda, aunque carente de lujos.

Cuando tuve edad suficiente, seguí la tradición familiar y me alisté en el ejército. Mi habilidad como estratega y mi destreza con las armas me permitieron ascender rápidamente en el escalafón y a la edad de 41 años ya ocupaba el puesto que había ostentado mi padre, capitán de la guardia de palacio. Fue en aquella época que conocí a Valeria.

Valeria era la hija de uno de mis oficiales y nos enamoramos nada mas vernos. Nos casamos y durante dos años vivimos felices. Entonces se desencadenaron los hechos que me convirtieron en lo que soy ahora.

Valeria contrajo una extraña enfermedad que la iba consumiendo poco a poco. Ningún médico de los muchos que consultamos encontró una cura. Abandoné mi puesto y al lado de mi esposa recorrimos el mundo conocido en busca de médicos, curanderos, hechiceros y cualquier persona que pudiera darnos una cura.

Finalmente, después de tres años de búsqueda infructuosa, desembocamos en Nubia, donde conocí a un sacerdote de Seth que me aseguró que conocía el método para sanar a Valeria.

-¿Que método es ese?- pregunté.

-Invocaremos a Seth y tu le pedirás lo que deseas.

El culto a Seth era mayoritario en el reino de Nubia, pero en el norte era considerado como un dios del mal, un demonio. A pesar de todo estaba dispuesto a lo que fuera con tal de salvar la vida de mi esposa.

-¿Cual será el precio?

-El precio será vuestras almas.

-¿Nuestras almas?

-Si Seth cumple tu deseo, deberéis rendirle culto y abandonar a vuestros dioses.

Valeria y yo profesábamos culto a Baelisto, dios de la luz y a Lug y Lida, los gemelos protectores de todo lo vivo.

-Mis dioses no han escuchado mis plegarias- respondí.- Si Seth cumple mi deseo me postraré ante el y seguiré su culto hasta el fin de mis días. Mi esposa se unirá a mi.

-Entonces, ven mañana al templo, cuando la Luna esté en lo más alto del cielo nocturno.

Abandoné el templo de Seth y me dirigí a la habitación que había alquilado, donde me esperaba Valeria postrada en la cama. Mi corazón rebosaba de esperanza. Al infierno con Baelisto y los otros, mis dioses habían hecho oídos sordos a mis plegarias. Seth le devolvería la salud a mi amada y por fin podríamos vivir felices. No sabía lo equivocado que estaba.

Cuando llegué a la habitación Valeria había muerto.

Maldije a todos los dioses y demonios por habérmela arrebatado en ese instante, cuando había encontrado la solución a nuestros males.

¿Todo aquel peregrinaje había sido para nada? No estaba dispuesto a admitirlo. Solo tenía que cambiar mi petición a Seth, le pediría que resucitara a Valeria.

A la noche siguiente, a la hora convenida, me presenté en el templo de Seth y le expuse al sacerdote mi nueva petición.

-Imposible- dijo.- Seth es un destructor, no puede crear vida. Podría animar el cuerpo de tu amada, pero solo sería una parodia de vida, un cascarón vacío, sin alma.

Todo mi mundo se vino abajo al oír esas palabras. Mi amor por Valeria superaba todas las barreras, incluso las de la cordura. Una idea se formó en mi mente, una idea de la que tendría que arrepentirme.

El culto a Baelisto incluía la creencia de la reencarnación. Sus seguidores creíamos que cuando el cuerpo muere, su alma transmigra a un nuevo cuerpo. Decidí que viviría hasta reencontrarme con otra reencarnación de mi amada y que entonces encontraría la forma de reemprender nuestra vida en común.

-¿Puede Seth darme la vida eterna y concederme el don de dársela a quien yo quiera?

-Es posible, pero si lo hace, el precio será muy alto.

-Ya he ofrecido mi alma, después de eso, ¿que me importa lo que pida Seth?.

El sacerdote asintió en silencio y me acompañó hasta el altar donde se erguía una gran estatua de Seth, representado como una gigantesca cobra. Nos arrodillamos ante el altar y el sacerdote entonó una salmodia en una extraña lengua que nunca había oído.

Hubo un estallido de luz y la estatua del altar se transformó en una serpiente viva. La gigantesca cobra me miró fijamente y habló.

-No es necesario que hables, humano. Se cual es tu petición y puedo concedértela. Pero con condiciones.

-¿Cuales?

-Tu vida dependerá de la muerte de otros... y nunca mas volverás a ver el Sol, símbolo ardiente de mi enemigo, Baelisto.

-Acepto.

-Hay algo más.

-Lo que sea.

-Deberás extender la semilla de lo que te convertirás. Deberás conceder tu don oscuro a otros, para que os multipliquéis y sembréis el terror entre los humanos.

-Que así sea.

Entonces sentí un gran dolor en mi interior, como si una mano invisible agarrara mis entrañas y las arrancara de mi cuerpo. Duró unos minutos y de pronto, desapareció.

Me levanté y sentí el cambio en mi cuerpo. Sabía que era eterno. Había muerto y había renacido en una forma diferente. Ninguna herida, ningún veneno, ninguna enfermedad podrían afectarme. Solo el Sol, símbolo de los dioses de la luz podría matarme.

Sabía que podría convertir a otros en lo que yo era.

Sabía lo que debía hacer para alimentarme. Me arrojé contra el sacerdote y mordí su cuello, saboreé su sangre que se me antojó dulce como el hidromiel. Lo dejé morir, aunque podía convertirlo en alguien como yo, decidí no hacerlo. Que se reuniera con su oscuro dios.

Miré a Seth desafiante. El dios se limitó a reír y tras un nuevo estallido de luz, desapareció dejando solo la estatua que lo representaba.

Presentí el amanecer de un nuevo día y abandoné el templo para buscar un refugio donde guarecerme del Sol. Encontré ese refugio en el sótano de un edificio abandonado, me acomodé en un rincón y me dormí.

Desde esa noche, me dediqué a recorrer el mundo en busca de mi amada. Esperaba que algún día, la encontraría en alguna de sus reencarnaciones. Entonces la convertiría y viviríamos eternamente juntos.

Pasaron los años, los siglos, los milenios y me convertí en silencioso observador del devenir de la humanidad.

Vi a las naciones enfrentarse entre ellas con afán anexionador.

Vi como los viejos imperios caían en la decadencia y finalmente eran sustituidos por imperios nuevos, portadores de nuevas ideas y nuevas visiones.

Fui testigo del gran cataclismo que cambió la faz del mundo y que destruyó todo lo creado.

Vi al ser humano, después de ese cataclismo, descender a la barbarie y a la época de las cavernas.

Vi a los descendientes de esos bárbaros levantarse de nuevo y crear nuevas naciones.

Vi a Nubia convertirse en Egipto.

Vi a una pequeña península en lo que fue el mar interior convertirse en Grecia, cuna de una nueva cultura.

Vi a un pequeño pueblo de pastores levantarse y crecer hasta convertirse en un imperio, Roma.

Durante todo ese tiempo me he alimentado de los humanos, en un holocausto de sangre sin fin.

Durante todo ese tiempo convertí a otros para que me acompañaran en mi peregrinación eterna y vi como todos me abandonaban tarde o temprano.

Durante todo ese tiempo busqué a mi amada por todo el mundo. Jamás pude encontrarla.

Estoy cansado, diez mil años son demasiado tiempo. Hoy terminaré con mi vida. Hoy volveré a ver el Sol. Dejaré que su luz me devore.

Que Baelisto tenga piedad de mi negra alma.”

Artán


EPÍLOGO

Cuando acabé la lectura del documento estaba anonadado. ¿Un dios oscuro del pasado se manifestó y convirtió a un humano desquiciado en el primer vampiro?

Era muy difícil de creer. Cierto que era un documento muy antiguo, pero eso no significaba que no pudiera tratarse de una obra de ficción.

Yo había preguntado a los otros por el origen de nuestra raza, pero ninguno tenía idea de cual era nuestro origen.

Ni siquiera Héctor supo contestarme cuando se lo pregunté durante nuestra corta relación. Por lo visto, ya en la época de su conversión, la existencia de los vampiros era conocida de muy antiguo. Parecía que la historia de los vampiros corría paralela a la de la humanidad. Sin embargo, era lógico suponer que debió haber un primer vampiro, un primigenio, o un pequeño grupo de ellos, tal vez una pareja.

Y ahora ese documento me daba una explicación. Situaba nuestro origen en una era precataclísmica, muy anterior a la historia conocida. ¿Pero era una historia real o una ficción? Tal vez nunca lo sepamos. Pero en el fondo de mi corazón, creo que es una historia real. La historia muy resumida del primero de nosotros. Nuestro Adán.

Artán. El primigenio.

FIN

miércoles, 16 de marzo de 2011

Duelo final (Asesinos 3)

-¿Podrás hacerlo? ¿Podrás localizar la fuente?

-Si retienes a tu interlocutor en linea el tiempo suficiente, si.

Camille miró fijamente a Larry. Le había conocido en el cibercafé desde el que se puso en contacto con Christine haciéndose pasar por Anubis. Larry Wayne era un genio de la informática, un hacker reconocido y admirado en su círculo. Alto y delgado, desgarbado, era el típico joven que nunca tenía éxito con las chicas. Camille le sedujo y, ahora él bebía los vientos por ella y hacía todo lo que le pedía.

-Estoy segura de ello, eres el mejor, confío ciegamente en ti.

Larry hinchó el pecho ante los elogios de Camille. Ella le dio un largo y apasionado beso que lo dejó sin respiración.

-Esto es para darte suerte. Dijo.

-Como Leia y Luke en la Estrella de la Muerte.

-¿Pero como puede ser tan friky?- pensó Camille. Pero lo que dijo fue:

-Eso mismo. Ahora, saltemos juntos al vacío. ¿OK?

-OK.

Camille entró en la página de “La Organización” y tecleó un código de diez cifras.

-¿De donde sacaste ese código?- preguntó Larry.

-No quieras saberlo.

Camille tecleó el típico saludo.

-”HOLA, ZEUS”.

-”HOLA, IAMA. INFORMA”.

-Iama, dios de la muerte del panteón hindú- pensó Camille.- Lo de este tipo con los nombres es una obsesión.- Miró a Larry.

-Vamos bien- dijo él.

Camille ya se había preparado un guión para hablar con Zeus. Desconocía cual era el objetivo de Iama, así que debía tener mucho cuidado con lo que decía. Naturalmente, no había peligro que el auténtico Iama contactara con Zeus.

Iama estaba muerto.

-”HAY PROBLEMAS”.- tecleó Camille.

-”¿QUÉ TIPO DE PROBLEMAS?”.

-”MI OBJETIVO SE HA ESFUMADO.”

-”¿COMO SE TE ESCAPÓ?”

Miró de nuevo a Larry interrogándole en silencio.

El muchacho estaba frente a otro ordenador, conectado al de Camille, tecleando como un loco.

-Necesito mas tiempo, retenlo.

-”NO LO SE.”

-”ESE ES UN GRAVE ERROR, IAMA.”

-Date prisa, Larry. Este tipo no es muy conversador.

-Ya casi lo tengo, necesito un minuto más.

Camille tecleó de nuevo.

-”PUEDO ARREGLARLO, PERO NECESITARÉ MÁS INFORMACIÓN SOBRE OBJETIVO”.

-”¿QUE TIPO DE INFORMACIÓN?”

-”TODO LO QUE PUEDAS DARME.”

-”CONTACTARÉ CONTIGO MÁS TARDE.”

-Un poco más.- dijo Larry- Ya casi está.

Camille tecleó de nuevo rápidamente.

-”ESPERA.”

-”¿QUE SUCEDE?”

Camille dejó pasar unos segundos antes de responder, para darle más tiempo a Larry.

-”SI ARREGLO ESTO. ¿MANTENDRÉ MI ESTATUS?”

-”SI NO LO ARREGLAS TU ESTATUS SERÁ EL DE CADAVER.”

Zeus cortó la comunicación en este punto.

-Lo tengo- dijo Larry.- Por un pelo.

-¿Donde está?

-En Londres.

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Camille se observó en el espejo de cuerpo entero que había en el cuarto de baño de la habitación que había alquilado en un céntrico hotel londinense.

Se había vestido con un elegante traje-chaqueta de color azul y calzaba unos zapatos a juego con un finísimo tacón metálico de doce centímetros. Dio el visto bueno a su aspecto y llamó a recepción para pedir un taxi.


Antes de salir recogió su pelo en un severo moño que sujetó con dos largos alfileres.

Media hora más tarde, el taxi la dejó frente a un edificio de oficinas en Queen Victoria St. Miró la placa metálica de la entrada.

“INTERNATIONAL EXPORT”

La puerta de entrada daba paso a un amplio y lujoso vestíbulo al fondo del cual se veía un mostrador de recepción.

-¿En que puedo ayudarla?- preguntó la recepcionista.

-Quiero hablar con el señor René Lescaut.

-¿Tiene usted una cita?

-No. Pero me recibirá igual. Dígale que Camille Lescaut quiere verle.

-¿Lescaut? ¿Es usted familia del señor Lescaut?

-Soy su sobrina.

-Un momento, por favor.

La recepcionista habló breves momentos por teléfono, colgó y sonrió a Camille.

-El señor Lescaut le recibirá en su despacho, Planta 17.

La puerta del ascensor daba a un recibidor al fondo del cual había una puerta flanqueada por dos hombres. Ambos tenían el típico aspecto de guardaespaldas de película, traje negro, camisa blanca y corbata negra. Altos y anchos como armarios. Uno de ellos saludo a Camille mientras abría la puerta.

-¿Señorita Lescaut? Su tío la está esperando.

El despacho de Lescaut tenía el tamaño de una cancha de baloncesto. Tras una lujosa mesa se encontraba René Lescaut. Era un hombre de estatura media y complexión gruesa.

-¡Camille! No sabía que estabas en Londres- dijo levantándose y besándola en la mejilla.-Siéntate. Cuanto tiempo sin verte. Estás preciosa. ¿Qué te trae por aquí?

-Estoy buscando un hombre.

-¿Alguien que yo conozca?

-Eso creo.

-¿De quien se trata?

-Se hace llamar Zeus.

René se envaró y miró a su sobrina con ojos aterrados.

-¡Dios mio! Tú...tú eres...

-Si, soy Némesis.

René hizo un leve movimiento hacia un lado de su escritorio.

-Pon las manos sobre la mesa, tío, donde yo pueda verlas. Puedo matarte de siete formas distintas antes de que alcances ese cajón.

René vio en los ojos de su sobrina que esta no bromeaba. No estaba tirándose ningún farol, vio en esos ojos que ella era capaz de cumplir su amenaza. Puso las manos sobre la mesa y permaneció inmóvil.

-¿Como supiste...?

-Un amigo te localizó mientras hablaba contigo a través del ordenador. Cuando me dio esta dirección no podía creerlo. Era tu hermano. ¿Como pudiste ordenar su muerte?

-Nadie abandona “La Organización” sin permiso. El sabía eso y, aún así, nos desafió.

-¿Sabía él que tú eres Zeus?

-Ninguno de los operativos conoce mi identidad.

Con mucho cuidado, sin que Camille pudiera verlo, René levantó ligeramente una pierna y presionó con la rodilla un botón bajo su mesa. Un segundo más tarde, los dos hombres que estaban junto a la puerta entraron al despacho y se lanzaron contra Camille.

Esquivó al primero y enfrentándose al segundo, dio una patada alta. El hombre cayó con el fino tacón clavado en su cuello. Camille se giró y con un brusco movimiento de su pierna lanzó el segundo zapato contra el rostro del otro hombre que se agachó para esquivar el proyectil.

Camille dio un salto y una voltereta en el aire aterrizando a la espalda de su contrincante. Con ambas manos sujetaba el cinturón de su falda que se había desabrochado durante el salto. Rodeó el cuello del hombre con el cinturón y dio un fuerte tirón liberando un cable metálico que cercenó su yugular.

El enfrentamiento solo había durado nueve segundos. Tiempo de sobra para que René accediera al cajón de su mesa y sacara la pistola conque ahora apuntaba a su sobrina.

Camille levantó lentamente las manos y las juntó en la nuca.

-Mataste al padre y ahora vas a matar a la hija. ¿Es que no queda nada de decencia en tu negra alma?

-Lamento tener que hacerlo, de verdad, pero no me dejas otra opción.

-Siempre hay otra opción.

Camille lanzó sus brazos hacia delante y los dos alfileres que sujetaban su moño volaron a través del despacho para clavarse en ambos ojos de René alcanzando su cerebro. El hombre conocido como Zeus cayó muerto sobre su silla sujetando aún la pistola con la que pretendía matar a su sobrina.

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-Vaya, has estado fantástica. Serías un magnífico operativo.

La voz, que indudablemente era de mujer, provenía de un intercomunicador que reposaba sobre la mesa de René.

-¿Quién eres?

-Mi nombre no tiene importancia. Yo era la ayudante de Zeus.

-¿Donde estás? Da la cara.

-Estoy en otro despacho de este edificio. Lo he visto todo a través de un circuito cerrado de TV.

-¿Vas a denunciarme a tus camaradas?

-No. Gracias a ti, ahora ocuparé el puesto de Zeus. Puedes irte, yo borraré cualquier rastro de tu paso por aquí.

-Ya veo. Un favor a cambio de otro.

-Eso es. ¿Qué me dices de mi oferta?

-No me interesa.

-Una lástima. Si algún día cambias de opinión, contacta con nosotros. Reservaré el código de Hela para ti.

Camille abrió la puerta del despacho, dudó unos segundos y se dirigió a su invisible interlocutora.

-¿Como debo llamarte?

-Puedes llamarme Hera.

FIN