2000


03/07/2012

Ya son 2000 las visitas que ha recibido este blog.

Quiero agradecérselo a todos mis lectores. Disfruto mucho escribiendo, pero la verdad, sin vosotros no sería lo mismo.

Que me lea gente de todas partes del planeta es algo que sigue sorprendiéndome. Que me sigan lectores de España y de Sudamérica es algo que podía esperar, pero tener lectores de países con lenguas tan dispares como EEUU, India, Bielorusia o Alemania es una auténtica sorpresa.

Gracias, muchísimas gracias a todos.






viernes, 31 de diciembre de 2010

Embarazo No Programado

Este es un relato que escribí especialmente para estas fechas.
Llamadme romántico si quereis, pero un mensaje de esperanza siempre es bienvenido, sobre todo en estos dias

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9 de diciembre de 3010

Balta dejó el compás con el que había estado calculando una posición sobre el mapa que tenía ante si. Se quitó las gafas de montura metálica y se frotó los ojos con los dedos pulgar e indice de la mano derecha.

-¡No te lo vas a creer! -dijo a su compañero.

-¿Que es lo que no me voy a creer? -preguntó Mel apartando la vista de la pantalla del ordenador.

-Acabo de calcular la vertical del cometa en su perigeo.

-¿Y...?

-Reposará sobre una pequeña ciudad del noreste del continente americano.

-¿Que tiene eso de extraordinario?

-El nombre de la ciudad es Bethlem's Lot.

Mel se quedó unos segundos mirando fijamente a su compañero y finalmente rompió a reír. Cuando pudo reprimir el ataque de risa, sacó un enorme pañuelo de su bolsillo y se secó las lágrimas.

-Ya verás cuando se entere Gas, se va a mear de la risa.

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11 de diciembre de 3010

Max 476 estaba sentado en la sala de espera ante el despacho del jefe supremo del CCP con cara de desear estar en cualquier otro lado menos allí. En sus manos sostenía la carpeta con el expediente de Mary 773. Era el caso más extraño con el que se había topado en sus diez años de carrera en el Centro de Control de Población.

Naturalmente el delito era el de siempre, un embarazo no programado. El peor delito que podía cometerse en un mundo con un gravísimo problema de superpoblación. Pero este caso era jodidamente complicado.

En ese momento sonó el intercomunicador que había sobre la mesa de la secretaria del jefe supremo. Lois 664 era una chica realmente preciosa y Max siempre coqueteaba con ella cuando visitaba ese despacho, pero esta vez no estaba de humor para esas cosas.

-Puedes pasar, el viejo te espera.

-Gracias Lois.- respondió con una sonrisa.

Si el jefe supremo Ralph 129 se enterase de que le llamaban por ese apodo en todo el departamento, seguramente habría un reajuste de plantilla. Se levantó de la silla donde llevaba esperando más de una hora y entró en el despacho.

Ralph 129 le recibió con una sonrisa.

-Pasa Max. ¿Que te trae por mi despacho un sábado por la mañana? ¿No es tu día libre?

-Si, señor, así es. Pero tenía que consultar con usted el caso que me ocupa. Es.... bueno, es desconcertante.

-¿Que puede tener de desconcertante un ENP?

Max entregó el expediente a su superior y a una indicación de este se sentó en una de las sillas que había frente a su mesa.

-Bueno, primero está el avanzado estado del embarazo, solo faltan unos 15 días para el parto. Nunca un ENP se nos había escapado hasta este punto.

-Es inusual, si, pero la ley es muy clara. El embarazo debe ser interrumpido, el feto destruido y la mujer sera enviada a uno de nuestros gulags en Alaska de por vida. En cuanto al padre, será incapacitado para engendrar mas hijos, como siempre.

-Ahí es donde radica el problema, señor. No hay padre. Mary 773 es virgen.

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Gas bajó las escaleras que comunicaban el observatorio con el estudio con cara de preocupación. Lo que había visto a través del telescopio no le había gustado nada.

-Tenéis que ver esto.-dijo dejando una hoja impresa sobre la mesa del estudio.

Los otros dos se reunieron con el alrededor de la mesa y estudiaron el documento.

-¿Es la alineación astral en el perigeo?- pregunto Mel.

-En efecto.

-Esto es feo, muy feo. Va a haber muchos problemas. No será tan fácil como la otra vez. - dijo Balta.

-Teniendo en cuenta la situación actual en el planeta, teníamos que haberlo imaginado.- dijo Mel.

-Tenemos que actuar.- dijo Gas.-Tenemos que sacar a la Madre de donde quiera que la tengan.

-¿Nosotros? ¡Venga ya, Gas!- dijo Balta.- Ya no tenemos edad para jugar a ser Chuck Norris ¿Sabes?

-Balta tiene razón- dijo Mel. -No podemos hacerlo nosotros. Pero podemos enviar a algunos hombres.

-¿Cuantos?

-En otros tiempos, lo habríamos hecho nosotros tres. Así que tres es un buen número. Cada uno de nosotros elegirá al mejor hombre de su equipo. Les equiparemos convenientemente y les enviaremos a rescatar a la Madre.

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-Max, ¿quiere tomarme el pelo? ¿Como va a ser virgen si esta embarazada?

-Eso es lo desconcertante señor, pero así es. Cuando la interrogamos sobre el padre, la chica insistió en que nunca había estado con un hombre. Finalmente el equipo médico la examinó y certificó que realmente es virgen. Tiene usted el informe médico en la carpeta.

-¡Pero eso es imposible!

-En realidad solo es muy poco probable, he estado documentándome y he encontrado un par de precedentes.

-¿Precedentes?

-Se trata de una rareza de la naturaleza. Se da un caso cada dos o tres mil años. El último caso documentado data de hace unos 3000 años, un hombre llamado Jesús nació de una virgen llamada Maria. Antes que el hubo otro llamado Buda. Curiosamente, ambos se convirtieron en grandes figuras religiosas. No he podido ir más atrás pero es de suponer que pudo haber otros antes que ellos.

-Esto es muy peligroso. Puede sentar precedente. Si otras mujeres se enteran de como quedarse embarazadas sin entrar en contacto con un hombre puede ser el caos.

-No creo que haya peligro en ese aspecto. Ya le he dicho que es una rareza natural. No hay un método para lograrlo, surge espontáneamente.

-De todas maneras, tenemos que someter a esa mujer a intensos estudios. ¿Donde se encuentra en estos momentos?

-Está retenida en la sala de maternidad del hospital de Bethlem's Lot.

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15 de diciembre de 3010

Mary 773 estaba acariciando su hinchado vientre mientras cantaba una canción de cuna que le cantaba su madre a ella. Mary no podía encontrar una explicación a lo que le estaba pasando, como tampoco podían encontrarla los hombres de las batas blancas. Los hombres de las batas blancas llevaban muchos días sometiéndola a escaners y análisis de todo tipo. Recordaba, eso si, las antiguas leyendas que le contaba su abuela sobre un hombre llamado Jesús. Los recuerdos eran muy confusos, ella era muy niña cuando la abuela le contaba esas historias, pero recordaba muy claramente una cosa, según la abuela el tal Jesús había nacido de una virgen.

Aunque no sabía en que modo podían ayudarla esas viejas leyendas. Los hombres de las batas blancas la tenían encerrada en esa habitación y solo la sacaban de ella para hacerle sus innumerables pruebas y análisis.

Unos extraños ruidos al otro lado de la puerta la sacaron de sus pensamientos. Parecían ruidos de lucha, pero eso era absurdo. ¿Porque iba nadie a pelearse en los pasillos de un hospital?

De pronto la puerta se abrió y entraron tres hombres. A Mary le recordaron a tres hombres que aparecían en las historias de su abuela, solo que estos parecían mucho más jóvenes.

-¿Eres Mary 773?- preguntó uno de ellos.

-Si. ¿Quien sois?

-Si quieres vivir y tener a tu hijo debes venir con nosotros.

Mary 773 se levantó de la cama y abandonó la habitación sosteniéndose en el brazo de uno de ellos, le costaba caminar con esa barrigota. No conocía de nada a esos hombres pero instintivamente confió en ellos. Además, no podían hacerle nada peor que lo que le estaban haciendo los hombres de las batas blancas.

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24 de diciembre de 3010

23,55 h.

Mel, Gas y Balta estaban sentados en la sala de espera del pequeño hospital de su pequeña ciudad oculta. Se esforzaban todo lo posible en parecer tranquilos, pero ninguno de ellos lo conseguía. De pronto, se oyó el llanto de un bebé. En algún rincón un reloj desgranó doce campanadas.

Minutos más tarde, los tres entraron en la habitación donde estaba Mary 773 con su bebé en brazos. Se arrodillaron para rendir homenaje al neonato, tal como hicieron tanto tiempo atrás con aquel otro niño.

-Hemos traído unos regalos para tu bebé- dijo Mel.

Uno a uno depositaron sobre la cama de Mary, a los pies del bebé, sus presentes.

Mary observó los objetos: una moneda, una pequeña barrita y un frasquito.

-Oro, incienso y mirra- dijo Mary.- ahora puedo recordar las historias que me contaba la abuela. Os lo agradezco, pero ¿de que me pueden servir ahora? Esto ya no tiene el valor que tenía la otra vez.

-Solo tiene un significado simbólico- respondió Mel.-Por eso las cantidades son tan pequeñas, solo son un símbolo de nuestro auténtico presente a tu bebé.

-No entiendo.

-El oro representa el poder económico- dijo Mel. -Nosotros nos aseguraremos de que no os falte de nada ni a ti ni a tu hijo.

-El incienso tiene relación con el campo espiritual- dijo Gas.- También nos comprometemos a alimentar la mente y el espíritu de tu hijo. Podrá estudiar en los mejores colegios.

-La mirra representa la salud corporal- intervino Balta.- Tu y tu hijo tendréis acceso a los mejores médicos y hospitales. Nosotros nos haremos cargo de todo eso.

-Naturalmente, no podréis volver a vuestra casa en mucho tiempo- dijo Mel.- Al igual que el niño del que te habló tu abuela tendrás que esconderte en otro país.

-El se escondió en Egipto-intervino Gas.- Vosotros os esconderéis en España. Tenemos documentos de identidad falsos que engañarán a cualquiera. Solo falta poner el nombre de tu hijo en esos papeles.

-¿Como vas a llamarle?- preguntó Balta.

-Se llamará Christine.

-¿Christine? ¿Es una niña?

-Una niña preciosa.

Los tres hombres se miraron unos a otros con aire de sorpresa.

-Bueno, ¿porque no?- dijo Mel.- Después de todo, son otros tiempos.

jueves, 30 de diciembre de 2010

La invasión



La invasión

Palax se vistió con las extrañas ropas que le proporcionaron en el departamento de intendencia. Se sentía extraño vestido de esa guisa, pero era necesario para cumplir con su misión.

Había pasado meses estudiando las costumbres de los terrestres y, de ser necesario, podía moverse entre ellos sin llamar la atención. Pero no era esa la tarea que le habían impuesto, el solo tenía que bajar a la Tierra, buscar un lugar poco concurrido y capturar una hembra terrestre.

Los científicos de su mundo llevaban años estudiando a los terrestres, así habían descubierto que la atmósfera de la Tierra y la de Gonara eran prácticamente idénticas. También sus anatomías eran muy parecidas y era de suponer que los terrestres podrían sobrevivir en Gonara sin necesidad de equipo respiratorio. Si eso era cierto, la Tierra se convertiría en un vivero de esclavos para Gonara.

La sangre de ambas razas se basaba en el hierro, por lo que era de suponer que eran compatibles. Esa era la razón por la que tenía que capturar a una hembra. Además de las diversas pruebas para averiguar si los terrestres podrían sobrevivir en Gonara, los científicos querían inseminar a la hembra con semen de un gonariano. Esperaban crear una raza más fuerte que podrían usar como carne de cañón en su interminable guerra con Kentaka. Los individuos de esa nueva raza, si esa era factible, serían modificados genéticamente para que fueran obedientes.

El sonido del comunicador le sacó de sus pensamientos, todo estaba preparado para su desembarco. Sus superiores habían elegido una ciudad que en ese momento se encontraba en el lado oscuro del planeta. Lo dejarían en una de esas zonas con vegetación que abundaban en las ciudades y que los terrestres denominaban “parques”. El lugar estaría poco concurrido en las horas nocturnas y el podría cumplir su misión de forma discreta.
Se encaminó a la zona de desembarco donde le esperaban sus superiores.

-Teniente Palax presentándose al servicio, capitán- dijo ejecutando el saludo militar gonariano que consistía en golpearse el pecho con el puño derecho.

-Adelante, teniente. Sitúese en la plataforma de transporte y mucha suerte en su misión.

-Gracias capitán.

Palax se situó sobre la plataforma en posición de firmes y un oficial manipuló los controles del transportador. En pocos segundos el teniente Palax se había desmaterializado.

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Palax se materializó en un camino solitario del parque e inmediatamente echó a andar con la mano en el interior del bolsillo de su chaqueta empuñando su disruptor. Echó un vistazo a su alrededor, no se veía a nadie. El aire olía a la vegetación que lo rodeaba, era un olor agradable. En el cielo brillaba el satélite de la tierra en su fase de plenilunio. No notó ninguna molestia, podía respirar aquella atmósfera sin verse afectado. Seguramente los terrestres también podrían respirar la atmósfera de Gonara.

Una pequeña criatura apareció de pronto en el camino, Palax apretó la empuñadura del disruptor pero sin sacarlo del bolsillo. Repasó lo que había aprendido y reconoció a la criatura. Era lo que los terrestres llamaban un “gato”, un animal domestico. No era peligroso.

Poco después se cruzó con un humano, pero era un macho, no le interesaba, lo dejó pasar sin hacerle nada y continuó caminando.

Finalmente la vio, estaba sentada en un banco, era una hembra joven, de bellas facciones, cuerpo bien proporcionado y una larga mata de pelo negrísimo. Su piel era muy pálida, pero no parecía enferma. Serviría.

Se acercó a ella a grandes pasos mientras sacaba el disruptor del bolsillo.

La muchacha se levantó al darse cuenta que Palax se dirigía hacia ella. Permaneció callada mientras el le apuntaba con su arma.

-Acercate, muchacha.

Ella obedeció y se situó a pocos pasos de el.

Palax ajustó su disruptor en la posición de aturdir y se dispuso a disparar a la chica, pero entonces sus ojos se encontraron con los de ella. Había algo en esos ojos, vio una gran sabiduría, una sabiduría muy antigua y una fuerza que no pudo resistir. Poco a poco, sin poder evitarlo, su brazo fue descendiendo hasta colgar a su costado y su mano se abrió para dejar caer su arma.

Entonces la chica se lanzó hacia el. Lo último que sintió Palax antes de morir fue el ansia devoradora, el hambre insaciable que se desprendía de aquella extraña hembra.
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-¡Por la Galaxia!- exclamó el capitán apartándose asqueado de la visipantalla- ¿Que ha sido eso?

-No lo se, capitán- respondió el jefe de la sección científica.- Nunca habíamos observado una reacción así en los terrestres. Esto es algo nuevo.

-Se atacan habitualmente entre ellos. ¿Nunca han observado algo parecido?

-Nunca. Cuando luchan entre si siempre emplean armas de algún tipo. Pero esa hembra ha atacado como si fuera un depredador.

-¿Tiene alguna teoría sobre ese comportamiento?

-Tal vez los terrestres posean algún instinto natural para reconocer a las formas de vida extraña.

-Bien, sea lo que sea. ¿Que vamos a hacer ahora?

-Debemos volver a Gonara, capitán. Redactaré un informe para el consejo imperial aconsejando abandonar el plan para esclavizar a los terrestres. Si son capaces de reacciones como la que acabamos de ver, nunca haríamos de ellos unos buenos esclavos.

-¿Y que haremos con los terrestres?

-Los abandonaremos a su suerte. Tal vez dentro de un milenio ya hayan perdido ese factor de salvajismo y podremos volver a nuestro plan.

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Los científicos de Gonara habían estudiado a todas las especies que pueblan nuestro mundo durante años. Pero había una especie que les pasó desapercibida por su gran parecido con los humanos. Una especie que vivía infiltrada entre la humanidad de la que obtenían su sustento.

Nunca oyeron hablar de los vampiros.

FIN

La planta 13




La planta 13
El Hotel Diamante no hacía honor a su nombre, un diamante es algo brillante y hermoso y que agrada a todo el mundo, pero el Diamante estaba viejo y destartalado y solo había podido conservar una de las cuatro estrellas que tuvo cien años atrás. Aún así, clientes no le faltaban ya que se encontraba en pleno centro de Barcelona. Tenía ciento cincuenta habitaciones repartidas en quince plantas, 10 por planta. Los clientes eran en su mayoría turistas de mochila y alpargata o familias numerosas en viaje vacacional cargadas de niños gritones y maleducados, vamos, que estaban en concordancia con la decadencia del hotel. En las paredes del salón podían verse fotografías en color sepia o en blanco y negro de celebridades que se habían alojado en el Hotel Diamante en sus tiempos de máximo esplendor, podían verse las caras sonrientes de Rodolfo Valentino, Mary Pickford y Douglas Fairbaks entre otros famosos de la misma época fotografiados en la entrada o en el salón del hotel.
Ramón Ramirez era el recepcionista de noche en el Hotel Diamante y en ese momento se encontraba ejerciendo sus funciones detrás del mostrador. A Ramón poco le importaban los famosos retratados en el salón, formaban parte de un pasado que le resultaba tan lejano como el antiguo esplendor del hotel. A Ramón le gustaba el turno de noche, era muy tranquilo, había poco movimiento y eso le permitía dedicarse a una de sus actividades favoritas, la lectura. Esa noche había empezado la lectura de “Historia de dos ciudades” de Charles Dickens. Se la había recomendado su cuñado que, a pesar de que era un pedante insoportable, sabía escoger sus lecturas.

Es el mejor de los tiempos, es el peor de los tiempos...

Le interrumpió el sonido de la campanilla al abrirse la puerta de entrada. Cerró el libro,lo guardó bajo el mostrador y dirigió su mirada a los visitantes. Estos formaban la pareja mas dispar y estrambótica que Ramón había visto entrar en los ocho años que llevaba tras ese mostrador.

Eran dos hombres y cada uno de ellos llevaba una maleta, pero no era eso lo que los hacía tan particulares, sino el aspecto de los mismos.

El primero era el hombre más alto que Ramón había visto nunca, si exceptuamos algunos jugadores de baloncesto, pero a esos solo los había visto por televisión, así que no contaban. Debía medir unos dos metros quince centímetros y todo lo que tenía de alto lo tenía de delgado, era de una delgadez extrema, parecía que solo tuviera la piel y los huesos. Iba vestido con un traje gris, camisa blanca y corbata negra, calzaba unos zapatos negros y se sujetaba los pantalones con un cinturón negro a juego con los zapatos. Sobre su cabeza llevaba un enorme sombrero tejano de color blanco.

El segundo hombre era el opuesto de su compañero, ya que era un enano, debía medir poco más de un metro y Ramón pensó que si pudiese medir su cintura esta sería mayor que su altura. Vestía exactamente igual que el alto, a excepción del sombrero. El hombre bajo llevaba un sombrero cordobés.

Ramón pensó que debía de haber llegado un circo a la ciudad: “pasen y vean al hombre más alto y delgado del mundo y a su hermano gemelo, el hombre más bajo de la Tierra.”

Dejó de divagar y sonrió a los visitantes.

-¿Puedo ayudarles en algo, señores?

-En efecto- dijo el alto. - Nos gustaría alquilar por tiempo indefinido toda una planta del hotel.

-¿Toda una planta?

-Eso he dicho. Dentro de veinticuatro horas llegarán varios colegas nuestros y queremos disponer de toda la planta.

Ramón volvió a pensar en un circo y se imaginó el hotel lleno de acróbatas y payasos.

-No se si eso será posible, caballeros, aunque no estamos llenos, tenemos clientes en todas las plantas.

-Vera...Nos consta que la planta que queremos alquilar esta vacía y nos gustaría echarle un vistazo antes de hacer la reserva.

-¿Una planta vacía?

-Si. Concretamente la planta 13.

Ramón quedó estupefacto al oír esa respuesta. El Diamante, al igual que otros muchos hoteles, no tenia planta 13. Pasaba directamente de la 12 a la 14. Es una costumbre de muchos establecimientos para evitar conflictos con clientes supersticiosos.

-Querrá usted decir la planta 14, señor.

-No. Queremos la planta 13.

-Pero la planta 13 no existe, esto es para evitar...

-Se a lo que se refiere. Pero le aseguro que la planta 13 estará ahí para nosotros. Si no le importa, podemos coger el ascensor y lo comprobará.

Ramón siguiendo aquella máxima que dice que el cliente siempre tiene la razón, ordenó al botones que cargara con las maletas y llamó al ascensor. Cuando este llegó a la planta baja el hombre alto y el hombre bajo entraron en el seguidos del botones y finalmente de Ramón, que al mirar la botonera, abrió tanto la boca por la sorpresa, que casi se desencaja la mandíbula. Allí estaba el botón que llevaba a la planta 13, justo entre el 12 y el 14, del mismo tamaño que estos y a la misma distancia de ambos, como si siempre hubiese estado ahí. Pero el había subido a ese ascensor miles de veces y nunca había visto el botón número 13, después del 12 siempre había estado el 14.

Pulsó el botón sin poder salir completamente de su estupor y el ascensor se puso en marcha. Uno a uno los botones se fueron iluminando y apagando, 1, 2, 3..., 11, 12, 13.

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-Ramón,¿ha estado usted bebiendo?

-No don Anselmo, ya sabe usted que soy abstemio.

-Entonces, ¿que son todas esas tonterías de la planta 13?

-Le aseguro, don Anselmo, que estoy tan sorprendido como usted, pero esa gente acaba de alquilar toda la planta 13 y se han instalado en la habitación 133.

Don Anselmo Rius era el bisnieto de Anselmo Rius, fundador del Hotel Diamante. A través de cuatro generaciones, los primogénitos de la familia habían heredado tanto el hotel como el nombre de su fundador. Tanto el padre como el abuelo del señor Rius también se habían llamado Anselmo. También su hijo se llamaba así y algún día, heredaría el Diamante.

Don Anselmo se acercó al mostrador de recepción y echó un vistazo al libro de registro donde pudo ver lo siguiente:

Mr. Jhon Robertson, hab. 133.
Mr. Robert Jhonson, hab. 133.

-Curioso parentesco el de esos dos. ¿No cree? (*)

-No diga tonterías Ramón. Así que están en la 133. Eso les ubicaría, efectivamente, en la planta 13. Lo malo, es que el Diamante nunca ha tenido una planta 13. ¿Quiere usted explicarme como los ha llevado ahí y como les ha abierto la puerta? Una puerta que no existe y para la que nunca hemos tenido llave.
Ramón contó a don Anselmo lo sucedido.

-...Sencillamente la planta y las habitaciones estaban allí, y también las llaves en el llavero de recepción. Solo que parecen existir solo cuando ellos están cerca.

-Venga conmigo.

Don Anselmo se encaminó al ascensor seguido por Ramón, entraron en el y examinaron la botonera. Después del 12 estaba el 14, ni rastro del botón número 13. Don Anselmo pulsó el 14 y cuando llegaron a esa planta bajaron por las escaleras que les condujeron directamente a la planta 12.

-Ramón, ¿seguro que no sufrió usted algún tipo de alucinación?

-Ya ha visto usted el libro de registro, don Anselmo. Además pagaron por adelantado el alquiler de una semana de toda la planta.

-Seguro que tiene que haber una explicación lógica para todo esto- dijo el señor Rius mientras llamaba al ascensor para volver a la planta baja. El ascensor tardo un poco más de lo esperado, ya que solo tenía que bajar una planta. Ese retraso quedó explicado cuando se abrió la puerta y pudieron ver a dos hombres en el interior. Anselmo Rius los reconoció en el acto gracias a la descripción que le había hecho Ramón. Eran Jhonson y Robertson.

Es señor Rius y Ramón entraron en el ascensor y pudieron comprobar que en la botonera figuraba el número 13.

-Buenas noches, caballeros.-dijo el señor Rius
sobreponiéndose a su estupor.- Soy Anselmo Rius, propietario y gerente de este establecimiento.

Jhonson y Robertson se presentaron y estrecharon la mano del señor Rius.

-Señores, no quisiera parecer indiscreto, pero comprenderán que todo este asunto necesita una explicación. ¿Pueden ustedes darme alguna?

Jhonson y Robertson se consultaron con la mirada y parecieron llegar a un entendimiento silencioso.

-Ciertamente, creemos que se merecen ustedes una explicación Mr. Rius.- dijo el hombre alto, que se había identificado como Jhonson.- Pero deberíamos buscar un lugar más privado donde estuviéramos a salvo de interrupciones indiscretas.

-¿Les parece bien mi despacho?

-Será perfecto. Por favor ¿No le importa que Ramón también asista a esta reunión? Esto también le afecta como podrán comprobar.

-No tengo ningún inconveniente.

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-¿Puedo ofrecerles una bebida? ¿Coñac, Bourbon...?

Jhonson y Robertson declinaron la invitación mientras se sentaban en las sillas que había frente al escritorio del propietario, Ramón prefirió sentarse en una silla que quedaba algo más apartada. El señor Rius se sirvió un coñac y ocupó su silla al otro lado de la mesa.

-Bien caballeros, ustedes dirán.

-Mr. Rius- dijo Jhonson- se que lo que vamos a decirle le resultará sorprendente, pero será la pura verdad.

-¿Sorprendente? Después de lo de esta noche dudo que nada pueda sorprenderme.

Jhonson miró a Robertson, el cual se limitó a encogerse de hombros.

-Cuéntaselo- dijo- después de todo, si queremos que esto funcione, el y Ramón tienen que saber de que va todo esto.

Jhonson dio un respingo y se encaró con el propietario del hotel.

-Vera, Mr. Rius. Venimos de un universo paralelo.

-¿Dicen que son extraterrestres?

-No, no, no. Somos de la Tierra. Pero de una Tierra distinta a esta. La Tierra de una realidad alternativa. Una Tierra que se desarrolló de forma distinta a esta pero que en algunos aspectos es muy parecida.

-Comprendo el concepto de universos paralelos y realidades alternativas. Pero no pretenderá que me crea que vienen de una de ellas.

-Espero que lo crea, porque es la verdad.

El señor Rius apuró de un trago su coñac y se quedó unos segundos mirando el interior de la copa.

¿Debería servirse otra? No, de momento no, pero si la conversación se desmadraba demasiado, se serviría otra, y luego, tal vez, otra más.

-De acuerdo, aceptémoslo de momento. ¿Como han llegado aquí? ¿Que clase de transporte puede llevarles de una realidad a otra y donde lo tienen escondido?

-No hemos usado ningún transporte.

-¿Han llegado por arte de magia?

-Exactamente.

-¿Como dice?

-Para pasar de una realidad a otra usamos la magia.

-La magia no existe.

-No en su mundo, pero en el mio si.

El señor Rius empezó a sudar y decidió servirse otro coñac. Más que nada para ganar tiempo para asimilar lo que estaba oyendo. Cuando se sentó de nuevo, Jhonson continuó hablando.

-Verá, su mundo se basa en la tecnología, todos sus logros se basan en ella. Nuestro mundo se apoya en la magia y a ella debemos nuestros logros. En lo que representa a la tecnología no hemos pasado de la rueda y la palanca. Así, por ejemplo no tenemos vehículos de motor, solo caballos y carros de tracción animal, pero podemos trasladar cualquier cosa de un lado a otro usando la magia. No volamos con aviones, sino con alfombras mágicas. Cualquier cosa que ustedes consiguen gracias a la tecnología nosotros la conseguimos a través de la magia.

-Entonces en su mundo, todos son magos.

-En mayor o menor grado, si.

-¿En mayor o menor grado?
-Aquí tienen gente que no sabe arreglar un enchufe y gente con grandes conocimientos. Entre los nuestros pasa lo mismo, tenemos hechiceros capaces de maravillas prodigiosas y gente que solo es capaz de usar la magia para curar un sarpullido.

-Y ustedes son...

-Lo que aquí llamarían hombres de negocios.

-¿Y que tipo de negocios pueden traer a dos hechiceros a nuestro mundo?

-Básicamente venimos a comprar un material que en su mundo abunda enormemente y que en el nuestro no existe.

-¿Y podemos saber que material es ese?

-Plástico.

-¿Plástico?

-Después de descubrir y visitar varias veces su mundo, descubrimos que el plástico es un gran conductor de la magia. Nuestros hechizos son mas poderosos si los hacemos usando varitas de plástico. Diferentes tipos de plástico para diferentes tipos de hechizo. Lamentablemente somos incapaces de fabricarlo y por eso venimos a adquirirlo a su mundo. Vendemos oro y piedras preciosas que en nuestro mundo abundan como las rocas y con el dinero obtenido compramos plástico.

El señor Rius miró la copa de coñac sin decidirse a echar un nuevo trago.

-Señor Rius- intervino Robertson- El caso es que la demanda aumenta cada día más y necesitamos una base estable en su mundo.

-La planta 13- respondió el señor Rius.

-Exacto.

-Díganme. ¿Porque precisamente el Diamante y como hacen para que una planta que nunca ha estado ahí lo este para ustedes.
-El Diamante es lo que nosotros llamamos un Nexo. En nuestro mundo también hay una Barcelona y en ella hay un hotel Diamante. De hecho, el Diamante existe en todas las realidades y puede usarse como estación de enlace entre ellas.

-¿Y la planta 13?

-En nuestra realidad, no tenemos esa superstición, por lo que el Diamante si tiene planta 13. Cuando venimos aquí, usamos la magia para que también exista en esta. Así nos aseguramos de disponer de toda la planta para nosotros y nuestros colegas.
-¿Y durante cuanto tiempo dispondrán de ella?

-A perpetuidad. Naturalmente, le pagaremos el alquiler de la misma mensualmente, después de todo, en esta realidad, el hotel le pertenece.

El señor Rius empezó a hacer cuentas mentalmente. Cada fin de mes tendría asegurado el alquiler de diez habitaciones. De diez habitaciones que, al fin y al cabo, no existían, por lo que no tendría que declarar tal alquiler...Si, era un negocio redondo. De pronto se le ocurrió algo.

-Entenderán ustedes- dijo- que no podremos hacernos cargo del mantenimiento de la planta 13. Sería muy complicado, ya que solo está ahí cuando uno de ustedes se halla presente.

-No supone ningún problema, periódicamente traeremos a nuestro propio personal de mantenimiento.

-¡Ejem! ¿Me permiten una pregunta? ¿Que pinto yo en esta reunión?

-Los tres hombres volvieron la cabeza hacia Ramón. Se habían olvidado completamente de el.

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Dos meses más tarde, Ramón ya había terminado Historia de dos ciudades, había iniciado y terminado Los tres Mosqueteros de Alejandro Dumas y se disponía a empezar Los miserables de Víctor Hugo cuando sonó la campanilla de la entrada. Guardó el libro bajo el mostrador y obsequió con una gran sonrisa a los visitantes. Eran dos, siempre venían de dos en dos. Vestían igual que los otros, lo único que llevaban diferente era el sombrero, todos llevaban la cabeza cubierta. En los dos meses que llevaban viniendo los visitantes de la realidad alternativa, Ramón había visto toda clase de sombreros, gorras y boinas. Estos dos llevaban una gorra de baseball y un sombrero mejicano. También tenían alguna particularidad, todos ellos tenían alguna. Estos dos también, uno de ellos parecía tener la cabeza demasiado grande para su cuerpo, el otro tenía seis dedos en cada mano.

Eran peculiaridades que si bien llamaban la atención al principio, luego no se le daba más importancia. Después de todo, un hombre muy alto y muy delgado o uno con seis dedos en cada mano tampoco le quitaban el sueño a nadie. Lo malo era cuando veías a cinco o seis de ellos juntos, todos con sus trajes grises y todos con la cabeza cubierta con algún sombrero o gorra.

Esa era la razón por la que Ramón debía formar parte de aquella reunión. Para no llamar demasiado la atención, los extradimensionales (así era como el les llamaba), llegaban y partían siempre de noche. Y Ramón era el recepcionista de noche. A estas alturas el hecho de que la hilera de llaves de la planta 13 apareciera y desapareciera del llavero de recepción como lo hacía también el botón 13 del ascensor y el hecho de que el Diamante podía tener tanto 15 como 16 plantas, había dejado de ser algo sorprendente y pasó a la categoría de cotidiano.

Con el tiempo, y gracias a los ingresos extras, don Anselmo hizo obras de remodelación y el Hotel Diamante acabó por recuperar dos estrellas de las tres que había perdido años atrás. Don Anselmo se jubiló y le pasó la dirección a su hijo y con ella el secreto de la planta 13.

Fue durante el primer mes en que don Anselmo, hijo del anciano don Anselmo, tomó posesión del cargo cuando llegaron dos extraños visitantes. Eran dos mujeres, ambas llevaban guantes a pesar de estar en pleno verano. Una de ellas tenía la piel muy blanca, “tan blanca como el papel de carta” pensó Ramón. La otra en cambio tenía un tono mas bien verdoso.

-¿En que puedo ayudarlas, señoras?

-Verá, estamos preparando una convención y nos gustaría alquilar, por tiempo indefinido, una planta completa.

-¿Una planta completa?

-Eso es, concretamente la planta 17.

-Pero este hotel solo llega hasta la planta 16.

-Lo sabemos.

-Ehhhm. Esperen un momento, por favor, voy a avisar al dueño...



¿FIN?